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Madrid, 25 de Noviembre de 2009
Por Clementina
Siento una gran preocupación por el estado actual de la moral, de la moral social. No ceso de preguntarme a dónde seremos capaces de llegar si todo sigue como lo vemos, sentimos, olemos , palpamos y actuamos hoy. Anteriormente la moral cristiana «resumía» el comportamiento humano y «marcaba» el camino de los valores sociales del individuo. Hoy sabemos que esa moral cristiana se edificaba sobre la mentira y la hipocresía de la religión que anteponía sus intereses de poder y de dominio sobre el individuo, a la libertad, al valor, a la iniciativa, a la autonomía y a la solidaridad humanas.
La trampa premeditada tendida por la religión, y por el estado, es haber solapado «su moral socio-cristiana» con el sentimiento moral propio del individuo, que tal como dice el proverbio que hace la entrada a este escrito es "anterior en la evolución a la posición erecta del hombre".
Desvanecida la moral de la religión tomando el relevo el estado, el individuo se encuentra solo y aislado y a la deriva. Incapaz de distinguir entre el Bien y el Mal confunde ambos y pervierte sus significados. Incapaz de oir el latido de su sentimiento moral, el individuo de la sociedad actual ha sucumbido al «valor» del dinero y lo ha convertido en «fin»de su experiencia vital.
El hombre ha abandonado su estadio de ser inteligente para ahondar en las profundidades de la ignorancia y el estancamiento y retroceso moral.
Sigue como un autómata el camino proyectado sobre él por el poder del estado y las leyes del mercado que dictan las multinacionales del dinero, del autoritarismo y de la derrota vital
Absolutamente inermes y desactivados de todo motor de solidaridad y de hábitos sociales comunes, los individuos hombres observan cómo se cometen los peores crímenes, se perpetran asesinatos, se despojan de sus bienes a los más empobrecidos, se enriquecen ilimitadamente los ricos, mientras continúa observando cómo los estados, serviles al poder que da el dinero, someten y envilecen a sus siervos votantes, pervirtiendo así, la forma de convivencia asociada que constituye la democracia, devolviéndolos , pues, a los estadios más oscuros de la humanidad.
Y así vamos agotando la Vida sobre este planeta porque la Vida no puede mantenerse sino a condición de esparcirse.
Entonces, la fuerza debilitada del sentimiento moral , imposible de acallar, invita a recuperar la confianza mutua. Si oimos ese llamado interior de nuestro sentimiento moral, estamos dando una nueva oportunidad a la Vida.
Recuperando la confianza mutua reforzamos el sentimiento moral. Sin confianza mutua no hay lucha posible, no hay valor, no hay iniciativa, no hay solidaridad, no hay victoria: es la derrota segura. La ley del apoyo mutuo es la ley del progreso.
El sentimiento moral nos dice que poder obrar es deber obrar. La Vida es vigorosa, fecunda, rica en sensaciones.
El Deber- concepto tan denostado por lo que implica de compromiso- «no es otra cosa que una superabundancia de vida que pide ejercitarse. Darse es al mismo tiempo la conciencia de un poder.»
Reflexionemos más sobre la escasez de moral social y empeñemos nuestros esfuerzos en oir el llamado silencioso del sentimiento moral para que la Vida tome el sentido vigoroso y progresivo que se nos ha regalado.
Madrid, 6 de Noviembre de 2009
Por Clementina
Si nosotros oimos hablar de Barba Roja,ó Capitán Drake, inmediatamente nos viene a la memoria los nombres de piratas, reales en otros tiempos, dueños del mar, sin patria ni bienes, que encontraban en el mar su huída hacia la libertad. Con el paso del tiempo han sido fabulados por el cine y la literatura.
Desprovistos estos personajes de cualquier connotación negativa despiadada ó cruel, y contrarios a ley y a gobiernos, los personajes de los piratas se han contrapuesto a los personajes oficiales representantes de estados y gobiernos.
Lo que los relatores destacan de estos personajes son el valor, lealtad (con sus compañeros de aventura y hasta con sus gobiernos), honor, libertad, compañerismo, afán de justicia, y hasta un compromiso social con los desposeídos y pobres de la tierra.
Nadie se cuestiona hoy si aquellos personajes reales que existieron allá por los siglos 16 y 17 , héroes de pequeños y grandes, protagonistas del cine y de la literatura, fueron terroristas ó marginados antisociales. Sus abusos, crímenes y barbaries, han constituido un olvido de conveniencia, frente a la exaltación del valor, de la justicia, de la libertad, de la defensa de los desposeídos, del honor y de la lealtad de los personajes.
Si tuviéramos que calificar a estos personajes piratas, hoy, ¿cómo creen Uds que los calificaríamos? Pues de terroristas, de enemigos de la libertad, de enemigos de la sociedad, del estado y de la democracia.
Claro, pues de terroristas , de enemigos de la sociedad, de la libertad, del estado y de la democracia , así califican a los piratas somalíes. Porque cuál es la diferencia entrer aquellos aventureros piratas de hace siglos y los actuales? Su motivación es la misma. Sólo que hoy lo nombramos con términos actuales: El recurso del mar como refugio a su desesperación y como espacio de libertad frente a su impotencia, a la expoliación que los países ricos hacen de su territorio; al incumplimiento de las promesas de sus gobiernos propios y de los organismos internacionales; a la violación de todos los derechos reconocidos en la Carta de los DDHH; a las guerras interminables. Sin patria ni bienes, los piratas de la libertad están condenados a morir por guerra ó de hambre.
¿No existe ningún medio que se pregunte y explique a los ciudadanos , sobre los motivos , circunstancias, necesidades, denuncias, reclamaciones, derechos, que han obligado a estos piratas de la libertad a levantarse contra la injusticia, la represión y la muerte?
Estamos sordos y ciegos ante la injusticia y ante la muerte. Dice Tucídides"Quien puede recurrir a la violencia no tiene necesidad de recurrir a la justicia"
Y es por ello que los piratas somalíes de la libertad apuestan por la muerte como un recurso para la sobrevivencia, porque en el fondo no ven salida a su desesperación, nada tienen que perder; a lo mejor , en cambio, puede que sean el ejemplo que sus conciudadanos necesiten para despertarles en la lucha por la libertad, la justicia e igualdad con paz social.